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Aquí irán apareciendo colaboraciones, artículos... que nos ayudarán a conocer más y mejor a nuestros hijos...

Fecha

Título

07.02.2009  

¿CÓMO SE PUEDE AYUDAR A VENCER LA TIMIDEZ?

07.02.2009  

¿CONVIENE HACER LAS TUTORÍAS CON LOS PADRES E HIJOS JUNTOS?

07.02.2009  

¿ENSEÑAMOS A LOS HIJOS E HIJAS A COCINAR?

07.02.2009   ¿PARA QUÉ CONTAR O LEER CUENTOS A LOS NIÑOS?

01-12-2008   LA SEXUALIDAD
01-12-2008   LOS DEBERES ESCOLARES Y LOS PADRES    
30-12-2007   ¿ES ADECUADO QUE LOS NIÑOS TENGAN MÓVIL?    
28-11-2006   ¿QUÉ HACER ANTE EL ACOSO ESCOLAR?    
23-11-2006   ¿CONVIENE DARLES PAGA A LOS HIJOS?    

15-12-2006

 

¿CÓMO EDUCAR EMOCIONAL Y SOCIALMENTE  A NUESTROS HIJOS?

   

27-11-2005

  PEDICULOSIS: ¡ESOS PIOJOS QUE NOS TRAEN DE CABEZA!    

12-03-2005

¿CÓMO PODEMOS AUMENTAR LA PACIENCIA CON LOS HIJOS?

   

 20-02-2004 

¿POR QUÉ NO HACEN CASO LOS HIJOS A LOS PADRES?    

 13-02-2004 

¿QUÉ PODEMOS HACER ANTE LOS CELOS DE LOS HIJOS?    

17-12-2003

¿CÓMO  SE  FORMA  LA  AUTOESTIMA  EN  LOS  NIÑOS?    

15-12-2003

¿QUÉ PODEMOS REGALAR A LOS HIJOS Y A LAS HIJAS?    
   
   
   
         
         

¿QUÉ   PODEMOS   REGALAR   A   LOS   HIJOS   Y  A   LAS   HIJAS?

         Estamos en las puertas de la Navidad y los niños y las niñas escriben sus cartas a Papá Noel o a los Reyes Magos.                                  

         Muchos niños y niñas solicitan, también, otros “regalos” a sus padres y a sus madres. Sonia es una de ellas y esto es lo que les pide:

Queridos papá y mamá:

Os escribo para pediros que me regaléis un poco más de atención, pues necesito sentiros más cerca. Ya sé que trabajáis mucho y andáis muy ocupados, pero echo en falta que no estéis un ratito conmigo con más frecuencia. Me canso de compartir vuestro tiempo con las sartenes, el periódico, la plancha o la TV. ¿No me podéis regalar unos minutos cada día para mí sola?

     Sabéis que me gusta mucho jugar con mis amigos y con vosotros. La psicóloga del colegio nos ha dicho que jugar es bueno para aprender, relacionarse y desarrollar nuestras capacidades. ¿Por qué casi nunca os apetece jugar conmigo?

También quiero que me regaléis un poco de tranquilidad y de paz pues muchas veces, parece que estamos en guerra. Por la mañana, cuando me despertáis con un beso y con palabras cariñosas, pienso:”¡por fin ha llegado la paz!” Pero si tardo un poco en levantarme, os entra el agobio y os enfadáis: “Date prisa”, “Desayuna”, “Todos los días igual”... Ya sé que he de colaborar más, pero no me gusta que me estéis mandando y gritando todo el día. A veces pienso que soy un estorbo pan vosotros. ¿Por qué no me tratáis con más consideración? Sé que lo hacéis por mi bien -como decís vosotros-, pero creo que merezco respeto.

Me soléis decir que casi no os cuento nada, pero cuando lo he hecho, habéis criticado algunas de las cosas y no me he sentido comprendida. Vosotros tampoco me contáis casi nada de lo que pensáis o de cómo estáis. Cuando os veo preocupados os pregunto: ¿qué te pasa?, y siempre me respondáis de la misma manera: “No me pasa nada”. Pero sé que a veces no estáis bien y no me lo contáis. ¿Por qué nos cuesta tanto comunicarnos?

Por último, os pido que no me comparéis con los demás y que no me reprochéis tanto lo que no os gusta de mí. Sé que lo decís para que cambie, pero a veces tengo la sensación de que no os gusto como soy. Hay cosas que hago bien: apruebo los exámenes, ayudo en casa, soy cariñosa..., ¿por qué no me decís lo que hago bien?

Quizá os sorprenda esta carta, pero quiero que sepáis los ‘regalos” que necesito. Os quiero mucho. Sonia.

                                                                                Pepe López Sánchez.

                                                                                Profesor, C.P. “J.A. Labordeta” (Zaragoza) y de “Aula Libre”

¿CÓMO  SE  FORMA  LA  AUTOESTIMA  EN  LOS  NIÑOS?

 

La autoestima se define como el concepto global que uno tiene sobre sí mismo, como persona. Por tanto, no depende de la posición social, del dinero o del color de la piel.

Cuando un niño o una niña nace no tiene conciencia de sus características. Se irá formando su propia imagen según los mensajes que reciba. Un mensaje repetido muchas veces se graba en el cuerpo y funciona como programa de vida. También influyen cómo se atienden sus necesidades -tanto físicas como psicológicas- y la propia experimentación.

Los mensajes positivos -tanto verbales como no verbales- ayudan a sentirse valioso, seguro, estimulan, activan lo mejor de cada uno... Por el contrario, los negativos merman, crean inseguridad e inutilidad y conducen a un bajo nivel de autoestima.

Un niño desde que nace necesita sentirse querido. Si percibe amor en las miradas; si los brazos que le sostienen le aportan seguridad; si las palabras llegan cálidas a su oído; si recibe las atenciones y los estímulos que precisa..., traducirá que ha llegado a un mundo donde se le valora y se le quiere. Esto le servirá para asentar las bases de una autoestima ajustada. Si no sucede así, el niño tendrá la vivencia de que no es digno de ser querido y se reducirá su propio aprecio.

En la fase de los dos a los cinco años aparece el lenguaje oral. Expresiones como: “mío” o “yo” indican que va adquiriendo idea de la existencia de él y de los demás. La etapa del “no” le sirve de autoafirmación. Precisa afianzarse, “pelear” cuestiones, “valerse por sí mismo”. Los padres, las madres y los educadores establecerán límites, procurando mostrar firmeza y a la vez cariño, evitando los mensajes negativos.

Al acabar esta etapa los niños suelen ya tener un autoconcepto global incorporado.

De los cinco a los diez-doce años siguen aumentando sus experiencias y pueden contrastar sus habilidades y capacidades con los demás. El paso por la escuela puede resultar determinante. Las relaciones con los otros niños, cómo vaya en los estudios y los mensajes que reciba del profesorado, de los padres y de sus compañeros, definirán un nivel u otro de autoestima. El fracaso escolar conlleva, en gran medida, un grado de autoestima bajo.

Al terminar esta etapa, el niño y la niña tienen ya formado un autoconcepto bastante definido que tiende a estabilizarse, aunque aún hay opción de modificarlo.

                                                  Pepe López Sánchez.

                                                  Profesor, C.P. “J.A. Labordeta” (Zaragoza) y miembro del M.R.P. “Aula Libre”

¿QUÉ PODEMOS HACER ANTE LOS CELOS DE LOS HIJOS?

Las madres y los padres vivimos para los hijos, pero a veces nos olvidamos de las cosas emocionales, les damos poca importancia o no sabemos manejarnos con ellas.

Los celos se activan cuando uno siente que no le llega el amor o la atención que necesita en comparación con alguien.

Si no hemos enseñado a los hijos y a las hijas a expresar lo que sienten, no nos dirán: “Tengo celos de mi hermana’, por lo que precisamos observar las conductas que indiquen celos. Por ejemplo:

Intenta captar la atención de manera exclusiva del padre y de la madre, incluso fingiendo dolores o no queriendo comer.

• Enfados desproporcionados o comportamientos inadecuados:

gritos, sube el volumen del televisor cuando ve a la madre con su hermana en brazos.

• Vuelve a comportarse como un niño pequeño: se chupa el dedo, se hace pis en a cama, habla come un bebé...

• Imita al hermano pequeño: quiere que le vistan o refunfuña para que le den la comida.

• Si el niño pregunta: mamá, ¿me quieres?, puede ser un síntoma de que no se siente querido como él necesita. No significa que no lo queramos, pero la manera que tenemos de quererle no llega a su corazón.

Si alguien tiene celos va bien comprobar si es consciente de dicha emoción y pedirle que nos hable de las posibles soluciones. Veo fundamental no poner en cuestión lo que siente, aunque no lo entendamos y aceptar sus propuestas. Es útil estar un tiempo con él solo, jugar, leerle cuentos, decirle valoraciones positivas, abrazarle...

Resulta esencial considerar a cada hijo o hija único, singular y permitir que desarrolle sus peculiaridades. En este sentido no ayuda decirles: “Yo os quiero igual”, dado que esto no se corresponde con sus vivencias: no les hacemos ni les decimos los mismo, ni tienen las mismas necesidades. Si decimos “igua1” esperan que hagamos lo mismo con cada uno, lo cual no tiene sentido, pues son personalidades distintas. Lo más práctico es decirles: “Os quiero mucho, pero a cada uno de una forma diferente y os cuido lo mejor que puedo”. Esto permite atenderles en su singularidad.

Aunque se tenga en cuenta todo lo expuesto, a veces no resulta suficiente para disolver los celos. Estos no se dan sólo en base a las circunstancias actuales sino que pueden proceder de la herencia y se requiere trabajar con otros recursos de terapia emocional.

 

Pepe López Sánchez, profesor del

C.E.I.P. José A. Labordeta (Zaragoza) y miembro del M.R.P. “Aula Libre”

 

¿POR QUÉ NO HACEN CASO LOS HIJOS A LOS PADRES?

Si los padres y las madres observamos cómo nos comunicamos con los hijos e hijas, veremos que utilizamos mucho el imperativo. Cada día reciben una enorme cantidad de órdenes: levántate, lávate, desayuna, date prisa, coge el bocadillo, haz los deberes, deja de ver la tele, recoge tus cosas, deja tranquila a tu hermana, vete a dormir...; esto, unido a que usamos las críticas, los sermones y los consejos, casi como únicos recursos educativos, lleva a que los hijos entren en confrontación, no escuchen o no nos hagan caso.

Vivimos en unos tiempos en los que existen más posibilidades económicas y, por tanto, más opciones de acceder a los bienes de consumo; esto, junto a otra serie de factores, han tenido como consecuencia que se haya puesto en cuestión la autoridad y los niños se resisten a aceptar las relaciones tradicionales de dominio y sumisión.

Cuando los padres percibimos que los hijos no nos hacen caso, seguramente ellos sienten que nosotros tampoco se lo hacemos, al menos de la forma que ellos necesitan. Entonces surgen las “batallas cotidianas” que se suelen vivir en las casas: los padres entendemos que los hijos tienen que obedecer y los niños demandan amor y consideración. A los padres y a las madres nos sale de nuestro programa de memoria las formas en las que fuimos educados de pequeños. Dichas maneras hoy no resultan posibles y podemos quedar atrapados; si utilizando la amenaza o el castigo conseguimos que nos hagan caso, ellos pueden vivir impotencia o resentimiento, con lo que las batallas continuarán; infundirles miedo tampoco parece un planteamiento educativo adecuado.

Precisamos cambiar el lenguaje en el sentido de mandarles menos y de no utilizar los tiempos de obligación: tienes que..., has de..., y sustituirlos por expresiones indicativas de que contamos con ellos y los consideramos importantes. Veo útil pedirles que nos escuchen, hablarles de la necesidad de su colaboración e informarles, dejando a un lado las críticas y los sermones. Expresarles que uno vive dificultades cuando ellos no hacen caso, aceptar que a veces uno no sabe resolver las cosas y escuchar sus opiniones, puede ayudarles a colaborar en la solución, pues ellos se sienten valiosos cuando los padres les tienen en cuenta. Llegar a acuerdos por medio de pactos, también tiende a dar buen resultado.

                               

               Pepe López Sánchez, profesor del

            C.E.I.P. José A. Labordeta (Zaragoza) y miembro del M.R.P. “Aula Libre”

 

¿CÓMO PODEMOS AUMENTAR LA PACIENCIA CON LOS HIJOS?

 

Cuando se pregunta a las madres y a los padres sobre qué necesitan para resolver las dificultades que viven con los hijos responden prioritariamente: tener más tiempo, paciencia, orientación y formación.

La paciencia me parece una cualidad fundamental para todas las personas con responsabilidades educativas. Se suele definir como la capacidad de saber esperar sin alterarse. La prisa, querer hacer muchas actividades, la competitividad, la intolerancia o pretender que los hijos se adecuen a nuestro modelo, suelen activar la impaciencia y el estrés.

Tener una actitud paciente no está en contradicción con poner límites adecuados, ni tampoco hay que identificarla con inactividad o pasotismo. Conviene no confundirla con “aguantar”, pues cuando aguantamos sucede que no aceptarnos determinadas conductas de los hijos e hijas y nos vamos “cargando” hasta que “explotamos” y acabamos en drama.

Para no impacientarse es primordial que los padres comprendamos que, aunque los hijos vienen a través de nosotros, ellos necesitan hacer su propio proceso; son criaturas con intereses, ritmos, capacidades diferentes... A veces podemos comprobar que los problemas no están en los niños sino en los padres que volcamos en ellos las propias insatisfacciones, miedos o frustraciones. Se requiere aceptar y querer a los hijos de manera incondicional, cuidarles, orientarles y permitir que hagan su camino sin interferirles, salvo que detectemos riesgos.

Para aumentar la paciencia es útil entender que la vida no consiste en hacer muchas cosas e ir acelerado, sino en hacer lo necesario, disfrutar el proceso y no pensar solo en el resultado final. Además va bien plantearse que los errores de los hijos -que tanto nos exasperan-, son ingredientes de su aprendizaje; hacen ensayos, “se equivocan” y con ello encuentran las formas más óptimas de resolver las cuestiones.

Uno puede ayudarse relativizando las cosas; lo que en un momento nos parece fundamental, puede pasar a un segundo plano si se presenta otro asunto más sustancial. También es útil dejar “el qué dirán o qué pensarán”, que nos descentra y absorbe mucha energía, y poner la atención en lo que precisan el padre, la madre y cada uno de los hijos. Por último, para ganar en tranquilidad son recomendables: ejercicios de respiración, relajación, visualizaciones o recibir masajes.

 

Pepe López Sánchez, profesor del C. P. “J. A. Labordeta” de Zaragoza y miembro del M. R. P. ‘Aula Libre

 

 

PEDICULOSIS: ¡ESOS PIOJOS QUE NOS TRAEN DE CABEZA!
 

El picor nos pondrá sobre la pista de la presencia de estos parásitos y, si los hay, habrá que aplicar un tratamiento específico.

PARASITOSIS

De todos es sabido que donde hay niños hay piojos, Y no porque estos molestos parásitos prefieran las cabezas de los más pequeños, sino porque el contagio se produce por el contacto entre cabezas, y los niños son mucho más proclives a pegar la suya a la de sus compañeros y amigos que los adultos. Por eso, el otoño además de tiempo de setas es tiempo de piojos. Marisa Espinosa, subdirectora de Salud Pública del Gobierno de Aragón, señala que aunque no existe un estudio estadístico de esta problemática "son la primavera y el otoño los periodos de mayor afectación de esta parasitosis porque una de las condiciones idóneas para la supervivencia del piojo es el calor y otra para su proliferación es el contacto entre afectados. En primavera se da la primera y en otoño, con todos los niños en el colegio, la segunda". Los piojos se transmiten en aquellos lugares donde coinciden muchas personas en un tiempo prolongado y su aparición no está asociada a la falta de higiene, aunque ésta es la mejor aliada para combatirlos. Se rompe así uno de los mitos de nuestros abuelos, que asociaban los piojos a la suciedad.

Jugos salivares

Cuando el piojo llega al cuero cabelludo de una persona, succiona la sangre (puesto que se trata de un parásito) para vivir. Al hacerla inyecta jugos saliva­res que producen un picor muy molesto. Así pues, el picor es el síntoma que puede damos la pista de si nuestros hijos tienen piojos. Si les vemos rascarse la cabeza de forma continuada hay que sospechar y ponerse manos a la obra. El primer paso es revisar el cabello de forma exhaustiva. Debido a su color grisáceo (parduzco si han chupado sangre) y su pequeño tamaño, los piojos son difíciles de ver. Es más fácil detectar sus huevos, las liendres, de color blanco nacarado y sumamente adherido al pelo. Lo mejor es utilizar un peine de púas muy juntas, las típicas liendreras. Hay que pasarla sobre el cabello húmedo, mechón por mechón, prestando especial atención a la zona de la nuca y cerca de las orejas. Si se confirma la presencia de liendres es que también hay (o los habrá) piojos y sólo en este caso hay que aplicar alguno de los tratamientos antiparasitarios que existen en el mercado. En este sentido, Marisa Espinosa insiste en  que “no hay que utilizar los tratamientos de forma preventiva ya que no tienen esta función e, incluso, pueden ser perjudiciales para la salud”.El uso indiscriminado de estos productos es seguramente el responsable de que los piojos se hayan hecho más resistentes. De hecho, estos productos están desaconsejados por los propios fabricantes para niños menores de dos años, debido a su posible toxicidad para los más pequeños.

 

El tratamiento

Las autoridades sanitarias reco­miendan aplicar el tratamiento de forma inmediata en cuanto se detecte la presencia de piojos o liendres. E igualmente, insisten en la importancia de hacerla con corrección. Primero hay que aplicar la loción antiparasitaria sobre el cabello seco, teniendo cuidado de que no entre en contacto con los ojos. Hay que distribuirla por toda la cabeza, de manera que tanto el cuero cabelludo como el pelo queden bien impregnados. A continuación hay que cubrir la cabeza con un gorro de plástico y dejarla actuar al menos una hora. Pasado ese tiempo, hay que lavar la cabeza con champú antiparasitario y aclarar bien con agua o bien con agua y vinagre mezclados a partes iguales, ya que el vinagre ayuda a que se desprendan las liendres. A continuación hay que peinar por mechones con una liendrera para eliminar tanto los piojos muertos como sus huevos. Tras cada pasada del peine, es preciso sumergirlo en agua caliente o limpiado bien con un pañuelo de papel para eliminar todos los restos de las púas. Después conviene secar el cabello al aire.

El desarrollo de las liendres es de aproximadamente siete días, por lo que se recomienda repetir el tratamiento completo transcurrido este periodo de tiempo. Entre tanto, conviene lavar el pelo con champú convencional y aclarar con agua y vinagre y volver a peinar con la liendrera. También, finalizado el tratamiento (las dos aplicaciones de loción y champú) es necesario seguir atendiendo estas indicaciones para detectar si estos molestos parásitos han vuelto a aparecer. No obstante, todos los preparados antipiojos llevan las instruc­ciones precisas explicadas de manera sumamente clara

Avisar en el cole

Cuando alguno de nuestros hijos es portador de piojos, es preciso comunicarlo al colegio para que puedan avisar al resto de padres y madres, que así podrán extremar sus precauciones. Asimismo, el niño no debería asistir  a clase hasta que se haya realizado la primera aplicación del tratamiento y conviene revisar todos los miembros de la familia por si fuera necesario aplicarles también el tratamien­to antiparasitario. Es sumamente fácil que entre hermanos se contagien los piojos, y que estos acaben también en las cabezas de los padres. Así que, paciencia. Tener piojos ya no es un estigma social, y si a usted, después de le­er este reportaje, empieza a picarle la cabeza, no piense que los está sufriendo ya. Es sólo sugestión.

 AMELIA ALMAU

 

¿Qué son?

Los piojos son insectos que parasitan  la cabeza, viven en el cuero cabelludo y succionan la sangre del mismo para vivir. Por su color grisáceo o parduzco y su pequeño tamaño son difíciles de ver. Los piojos hembras depositan unos huevos, de color blanquecino, llamados liendres. Tienen un tamaño similar al de la cabeza de una aguja y son muy duras. Las liendres se diferencian de la caspa por su brillo nacarado y, sobre todo, por la firmeza con la que se fijan al pelo sobre el que se localizan. En el transcurso de siete días, estos huevos se convierten en piojos que seguirán alimentándose de sangre y poniendo huevos. El piojo puede sobrevivir hasta dos días fuera de una cabeza.

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¿Dónde y cómo mirar?

Cuando los niños se rascan la cabeza con fruición y de manera continuada es muy posible que tengan piojos. En ese caso hay que extremar las medidas higiénicas: lavar la cabeza una o dos veces por semana así como evi­tar compartir o usar ropa u objetos personales (gorros, cintas, peines...) que puedan estar contaminados. Pero además hay que revisar la cabeza a conciencia y de forma periódica, al menos dos veces por semana, lo mejor para ello es utilizar un peine de púas muy pegadas (las conocidas liendreras). Las zonas donde más hay que insistir son la nuca y detrás de las orejas. Sólo si se confirma la presencia de estos molestos parásitos hay que utilizar productos específicos.

 

Champús y lociones

Las autoridades sanitarias insisten en que los productos específicos antiparasitarios sólo deben utilizarse cuando se ha comprobado la existencia de piojos o liendres. No tienen efecto preventivo y, todo lo contrario, su uso indiscriminado puede ser perjudicial para la salud.

En el mercado existe una gran oferta de este tipo de productos. En ese sentido, se desaconseja el uso de champús o lociones que contengan lindano (en especial en el caso de niños y mujeres embarazadas), salvo que exista una prescripción médica. Por eso, a la hora de comprar un determinado producto hay que estar atentos a su composición para evitar que incluyan lindano.

 

 

 

¿CÓMO EDUCAR EMOCIONAL Y SOCIALMENTE  A NUESTROS HIJOS?

 

Nuestros hijos e hijas van aprendiendo conductas nuevas  a lo largo de toda su vida. Cuando  nacen no sabe jugar con otros niños y niñas, pedir un favor, pelear… pues bien todas estas conductas y muchas más, y la mayoría de lo que un niño piensa, hace y siente, lo va aprendiendo en su relación  con otras personas, adultos y niños dentro de un contexto social, escolar y sobre todo familiar.

 La importancia del desarrollo de las habilidades emocionales en la infancia vienen avaladas por múltiples investigaciones en las que se ha demostrado que: 

  • Los niños y niñas  que no saben relacionarse adecuadamente con otros niños, no son queridos ni aceptados por sus compañeros, además con el tiempo llegan a estar aislados y retraídos de los demás o sufren rechazo por parte de otros, lo que implica serias dificultades de adaptación personal, escolar  y social.
  • Por el contrario los niños y niñas que están educados emocional y socialmente, son queridos por sus compañeros y amigos, resultan agradables a los adultos y a lo largo consiguen más éxitos escolares y sociales y sobre todo un mayor  ajuste y adaptación al entorno social.

El aprendizaje de las habilidades emocionales en la familia se puede llevar a cabo de dos formas, ambas válidas y necesarias: La primera de forma espontánea y continuada, lo que es el día a día en el hogar e interacción familiar y la  segunda forma mediante un programa intuitivo, sencillo y fácil de aplicar. 

Las habilidades emocionales y sociales se pueden aprender en casa, en el colegio y en la calle. Nosotros especialmente centraremos el  aprendizaje en el hogar, pues ello facilitará la adaptación personal y social de nuestros hijos/as.  

·        Tanto si presentan dificultades o conductas sociales inadecuadas, entonces  actuaremos  en su problemática concreta modificando sus pautas de comportamiento inadecuadas y enseñando otros comportamientos más adaptativos.

·        Como si su  conducta social es normal, entonces nuestro  objetivo de actuación será prevenir y aumentar su competencia emocional y social. 

A continuación exponemos brevemente un conjunto de habilidades emocionales y sociales agrupadas en seis áreas, que se ponen en juego en situaciones de interacción emocional y social, es decir en las que nuestros hijos e hijas se ponen en relación con otros/as niños/as y adultos. Son ejemplos pedir un favor, disculparse por llegar tarde al colegio, expresar enfado, compartir algo...  

1.      El Área de Habilidades básicas de interacción que incluye habilidades y comportamientos básicos y esenciales que nuestros hijos e hijas necesitan para relacionarse con cualquier  persona de su entorno. Se incluyen habilidades  de protocolo social como son los saludos,  presentaciones, cortesía y amabilidad... son comportamientos básicos que todos debemos utilizar en nuestras relaciones diarias. Son ejemplos: decir gracias, pedir permiso, disculparse y pedir perdón. 

2.      El Área de Habilidades para hacer amigos y amigas en la que se abordan habilidades esenciales en el niño para el inicio, desarrollo y mantenimiento de interacciones positivas y mutuamente satisfactorias con otros niños. Destacamos: alabar y decir cosas positivas a los otros   y otras, ayudar, cooperar y compartir.

3.      El Área de conversaciones: Recoge habilidades que permiten a nuestros hijos e hijas iniciar, mantener y finalizar conversaciones con los iguales y/o con los adultos. Es importante que  se comunique adecuadamente pues es un medio crucial para la participación y aprendizaje.

4.      El Área de Habilidades relacionadas con los sentimientos, emociones y opiniones. Recoge habilidades muy importantes para nuestros hijos e hijas como son: decir cosas positivas de él mismo, expresar sus emociones, aceptar y recibir las emociones positivas y negativas de los demás. También recopila habilidades  relacionadas con la defensa de los propios derechos como son: hacer peticiones y ruegos a otras personas, decir no o defender lo propio, en definitiva habilidades que ayudarán al niño a su autoafirmación y autoestima.

5.      El Área de Solución de problemas interpersonales tiene como objetivo que el niño aprenda a afrontar y solucionar lo conflictos que tenga con otras personas. El objetivo principal es que nuestros hijos e hijas aprendan a solucionar sus problemas por si mismos buscando alternativas de solución, previendo consecuencias de sus actos, evaluando las soluciones posibles y probando la solución elegida.

6.      En el Área de relación con los adultos incluye comportamientos que permiten y facilitan la relación adecuada y positiva de nuestros hijos con los adultos de su entorno social principalmente padres, profesores, educadores y familiares. 

Para enseñar a nuestro/a hijo/a las habilidades de interacción emocional y social señaladas, tenemos que manejar sencillas estrategias de enseñanza y seguir una secuencia: 

A)    Estrategias de enseñanza: Las principales estrategias en la enseñanza de la competencia emocional y social son:

1)      Instrucción verbal y modelado: El padre, la madre y /u otras personas (hermanos, familiares y/o  amigos) demuestran al niño cómo tiene que ejecutar la habilidad que tiene aprender a la vez que le instruyen directamente y le dan indicaciones de cómo hacerlo. El padre hace de modelado y le explica a su hijo lo que va haciendo y el niño observa cómo lo hace.

2)      Práctica: A continuación el niño práctica y ensaya la conducta hasta que la aprenda. Esta práctica puede realizarse:

        a)      En situaciones "artificiales", es decir de aprendizaje se trata de hacer una dramatización o simulación de una situación en la que niño tiene que poner en juego la habilidad. Por ejemplo se simula que el niño está en la calle y se encuentra con un amigo del colegio al que tiene que saludar. Los miembros de la familia se distribuyen los  papeles: el padre hará de amigo, un hermano será el compañero, etc.

b)      En situaciones naturales o normales de las que ocurren en la vida diaria de la familia. Es la "Práctica Oportuna", por ejemplo  al visitar la casa de unos amigos, se pide al niño que salude  a las personas  que se hallan en el salón.

c)      Recompensas: La mejor estrategia de la recompensa es que el padre o la madre dicen o hacen algo agradable al niño después que éste ha practicado y ensayado correctamente las conductas que queremos enseñarle. Queda demostrado que la conducta recompensada tiende a repetirse y la conducta sin recompensa se debilita y tiende a desaparecer. Así mismo recompensaremos al niño, aunque su conducta no sea totalmente correcta,  pues es conveniente recompensar las mejorías aunque estas sean muy pequeñas. Veamos los principales tipos de recompensas:

  ·        Materiales: Son golosinas, chucherías, regalos o dinero. Debe utilizarse en contadas ocasiones y en casos especiales.

  ·        Actividades gratificantes como salir al parque después de haber resuelto un conflicto que tenía con su hermano.

  ·        Sociales: Mostraremos al niño nuestra estima, atención e interés por medio de palabras y frases de elogio, halago, alabanza y aprobación, gestos (sonrisas, guiños...) y contacto físico (caricias, abrazos, besos, cosquillas...). Estas recompensas son las más poderosas y las que utilizaremos pues son efectivas, especialmente cuando demos la recompensa  inmediatamente y siempre que se presente la conducta en juego, especialmente al principio del aprendizaje; también utilizaremos recompensas sociales que gusten a nuestro hijo/a y además le informaremos y describiremos al niño por qué se le gratifica. 

3)      Diálogo y Debate: Esta técnica básicamente consiste en que la familia habla y dialoga sobre la habilidad que se está trabajando. Es necesario que en estos diálogos participe toda la familia para manifestar la importancia  de la habilidad que está aprendiendo. Es conveniente aprovechar para el diálogo momentos en que la familia este relajada y tranquila como paseos, excursiones, sobremesas... El diálogo girará en torno a los siguientes puntos: Definición y descripción de la habilidad, importancia y relevancia de la habilidad con sus ventajas e inconvenientes y finalmente aplicación de la habilidad a la propia vida y actividades del niño, personas y situaciones. 

B)    Secuencia de Enseñanza: Para enseñar una habilidad social a mi hijo/a tendremos en cuenta la siguiente secuencia: 

1)      Determinar e identificar situaciones diarias (en casa y fuera de ella) en que es adecuado, conveniente, necesario o imprescindible que mi hijo/a ponga en práctica la habilidad de que se trate.

2)      Observar si mi hijo/a en esas situaciones hace o no hace las conductas necesarias: Si la hace, determinar si es siempre que es necesario o de vez en cuando. Si no la hace, determinar si realmente no lo sabe o sí sabe hacerlo pero, por diversas causas, no la hace.

3)      Mi hijo/a no sabe la habilidad, por lo tanto hay que enseñársela. Así pues utilizo las estrategias señaladas como modelado, instrucción verbal, práctica, refuerzo o recompensas.

4)      Mi hijo/ a sí sabe la habilidad, pero no la pone en práctica perfectamente y/o en todas las situaciones en que es necesario. Por ello: Si lo hace espontáneamente, le recompenso y alabo. Si no lo hace, le incito, le ayudo, le doy pistas para que lo haga y después de que lo hace, lo elogio y alabo. 

5)      Mi hijo/a sí sabe la habilidad y la pone en práctica habitualmente.  Entonces le elogio y le alabo después de que le veo ejecutar la habilidad,  para que la siga practicando de vez en cuando.

 No hay reglas fijas para determinar cuándo y dónde enseñar las habilidades sociales a nuestros hijos e hijas, pues opinamos que es preferible que los padres lo determinen atendiendo a sus características, interés, tiempo disponible y necesidades del niño. De todas formas es recomendable tener en cuenta las siguientes orientaciones:

a)      Es conveniente fijar un tiempo determinado al día o a la semana y en períodos cortos de diez a quince minutos.

b)      Hay que aprovechar oportunamente los muchos y variados momentos que se producen en la vida familiar y social y en los que de forma espontánea y natural, se han de poner en juego diversas habilidades sociales.

c)      El lugar donde se realicen los debates y diálogos conviene que sea un lugar tranquilo y sin interferencias. Ahora bien la práctica “oportuna” de la habilidad social puede hacerse en donde se presente la oportunidad de llevarla a cabo.

d)      El ambiente durante las actividades relacionadas con las conductas de interacción emocional y social ha de ser positivo, divertido y atrayente para el niño y para los otros miembros de la familia.

 Para saber más:

VALLES ARÁNDIGA, Antonio. (2000): La inteligencia emocional de los hijos. Cómo desarrollarla. EOS. Madrid.

 MONJAS CASARES, Mª Inés. (2002): Programa de enseñanza de habilidades de interacción social (PEHIS). CEPE. Madrid.

 Jesús Ibáñez Bueno. Psicopedagogo.  EOEP 1. Zaragoza

 

 

 

¿CONVIENE DARLES PAGA A LOS HIJOS?

La adecuada utilización del dinero por parte de los chicos y de las chicas requiere de un aprendizaje. Los padres

necesitamos tener claros los valores que queremos fomentar en relación con el dinero: ahorro, compartir, saber

administrarse, la no dependencia, etc.

 Los niños son buenos observadores, por tanto, conviene mantener la coherencia entre lo que les decimos y lo que

 hacemos. Según la actitud y el uso que los padres hagan del dinero, estarán “invitando” a los hijos a incorporar unos u

otros valores.

Una buena manera para que los niños aprendan a utilizar el dinero de manera responsable es asignándoles una paga

periódica que ellos administren. Dicha paga se dedicará a sus pequeños gastos y no debe abarcar la ropa ni los materiales

o libros del colegio. Procuraremos que no sea escasa para que les posibilite el ahorro y así poder acceder a algo que les

 haga ilusión: una bici o un regalo para su mamá.

Entiendo que cuando se toma la opción de dar una paga con carácter periódico, ésta debe considerarse como un derecho

 de los chicos, por lo tanto, no puede supeditarse a si hacen sus trabajos en la casa o a si sacan buenas notas en los

exámenes. Esto se regulará de otra forma.

A veces los abuelos o los tíos dan dinero a los niños en los cumpleaños o en otras ocasiones. A este dinero habría que

darle una finalidad concreta: ropa, libros de lectura, etc., pues, de lo contrario, lo meten en la hucha y si administran mal su

paga pueden recurrir a él, con lo que se rompe el planteamiento educativo que intentamos llevar a cabo.

 Se puede comenzar a dar la paga cuando los niños tienen unos siete años, pues ya manejan los conceptos de suma y

resta, aunque necesitan incorporar los de caro y barato. La periodicidad hasta los diez años puede ser semanal; después

 quincenal, hasta llegar a hacerla mensual en la adolescencia.

No hay que darles más dinero del pactado aunque se lo hayan gastado a mitad de la semana, pues uno de los objetivos

es que aprendan a administrarlo.

En relación con la cantidad a percibir, se precisa ajustarla a la edad y a la economía familiar. Va bien consensuarla con

los hijos, sabiendo que no conviene darles mucho dinero, aunque la situación económica lo permita.

Como se trata de fijar una serie de criterios educativos, les ayudaremos a priorizar sus gastos, distinguiendo entre lo que

 necesitan,  de lo que desean tener ahora, de lo que puede esperar o del dinero para ahorrar.

 

Pepe López Sánchez, profesor del C.P. José A. Labordeta y miembro del M.R.P. Aula Libre

E-mail: jlopezsanc@educa.aragon.es

 

 

 

¿QUÉ HACER ANTE EL ACOSO ESCOLAR?

El acoso escolar o “bullying” es un tipo de agresión física o psicológica que, de manera continuada, ejerce un chico o un grupo sobre otros.

A los acosadores escolares se les suele identificar con ambientes problemáticos y en los que han sido víctimas de malos tratos. Sin embargo, también los hay entre chicos que han estado sobreprotegidos: “niños mimados”. Estos tienen dificultades de adaptación y presentan carencias afectivas. Sienten que no les comprenden y suelen adoptar una postura de no respetar las normas, de tratar que los otros hagan lo que ellos dicen, para lo cual, pueden recurrir a la amenaza e incluso a la violencia.

Los chicos acosados suelen mostrar timidez, inseguridad, complejo de inferioridad, baja autoestima e introversión. También pueden elegir los acosadores a compañeros con alguna característica específica: muy delgados, gordos, con gafas o a los “empollones” de la clase.

En ocasiones los padres tardan tiempo en descubrir que su hijo es víctima del acoso escolar. Necesitan observar si busca excusas para no ir al colegio; si llega a casa con algún tipo de magulladura (aunque diga que se la ha hecho jugando); si tiene frases peyorativas escritas en sus libros; si duerme mal o si se comunica poco.

Si el centro tiene muchos alumnos, el profesorado quizá no conozca todo lo que ocurre, pues los chicos acosadores buscan momentos y lugares en los que no puedan ser vistos para hacer sus fechorías, a veces, fuera del centro; también amenazan a sus víctimas diciéndoles que si se “chivan”, les ocurrirá algo peor.

Resulta fundamental mantener un contacto continuado con el profesor-tutor, para que observe a qué juega, con quién se relaciona..., sobre todo en los recreos y en el tiempo del comedor. Es muy importante que el chico acosado se sienta apoyado y comprendido por sus padres y profesores. Conviene dejar las críticas y los sermones y emprender un trabajo orientado a que aprenda a protegerse y a cuidar de sí. Para ello se precisa aumentar su autoestima y su propia valía personal; crear un clima en el que pueda existir una comunicación fluida y trabajar los aspectos emocionales que le merman y con los que sufre mucho.

Si el caso presenta cierta  profundidad y los padres ven que no pueden abordar el tema solos, conviene buscar la ayuda de un especialista. Hay cuestiones que si no se tratan  en su  momento, pueden dejar secuelas durante toda  la vida.

 

 

Pepe López Sánchez, profesor del C.P. J. A. Labordeta (Zaragoza) y miembro del M.R.P. “Aula Libre”                                               e-mail: jlopezsanc@educa.aragon.es

   

 

¿ES ADECUADO QUE LOS NIÑOS TENGAN TELÉFONO MÓVIL?

 Los padres y las madres alegan a favor del móvil que pueden tener localizados a sus hijos y, también, porque no quieren que su hijo se sienta discriminado por ser el único que no tenga de su grupo.

Sin embargo, los móviles presentan una serie de inconvenientes para los niños que no compensan los beneficios atribuidos.

 Según un estudio elaborado para el Defensor del Menor de Madrid, al gasto continuo que supone el móvil, hay que añadir que un porcentaje significativo de chicos y chicas (de 11 a 17 años) presenta problemas de concentración en el centro escolar, a veces ansiedad y empobrecimiento del lenguaje; además los niños adoptan conductas de adultos y no viven su niñez de forma plena.

A esto se hace preciso agregar un tema importante, aunque se hable poco de él: el uso del móvil y la salud. Existe mayor riesgo para la salud de los niños pues, al no haber completado su desarrollo físico, las radiaciones les afectan más. Así lo entendió el Consejo Nacional de Protección Radiológica del Reino Unido que informó del peligro que tenía para la salud, sobre todo para “el tejido craneal”, el estar mucho tiempo con el móvil. Este informe fue determinante para que, a principios de 2005, se retirara del mercado de Gran Bretaña y de Holanda un teléfono móvil diseñando para niños de cuatro a ocho años.

La publicidad se ha encargado de cautivar a los chicos para que éstos consideren que tener móvil es lo más natural del mundo. A esto sumaremos que algunos padres valoran mucho el móvil y están muy pendientes de él, lo cual incita a los hijos a tener uno cuanto antes. Además bastantes padres se han subido a la moda de regalar a sus hijos un móvil para el cumpleaños, en la comunión o en las Navidades, sin analizar sus repercusiones.

Los niños y las niñas no necesitan móviles, dado que la mayor parte del tiempo están con los padres o en el colegio, desde donde se puede comunicar a la familia cualquier incidencia. 

Los padres requieren establecer límites orientados  a un uso racional del móvil: edad de uso (mínima dieciséis años); utilizarlo sólo cuando se necesite, entre semana se debe dejar en casa; que se haga cargo el chico de los gastos dentro de su paga…

Por último, recordar la importancia de compartir con los hijos tiempos de calidad, creando un clima de confianza para no sentir la necesidad de controlarles, pues aunque lleven el móvil, pueden mentir o estar “apagado o fuera de cobertura”.

 

 

Pepe López Sánchez, profesor del C.P. J.A. Labordeta y miembro del M.R.P. “Aula Libre”

E-mail: jlopezsanc@educa.aragon.es

 

   

 

 

¿ EDUCAMOS ADECUADAMENTE PARA LA SEXUALIDAD?

 

Según diferentes estudios, la participación de los padres y de las madres en la educación sexual de los hijos es todavía baja, aunque se ha avanzado bastante durante los últimos años. Muchos de los conocimientos que tienen los chicos y chicas suelen venir de películas, de los amigos, de revistas o de la publicidad. Esto supone que aspectos importantes los incorporen de manera distorsionada y, junto a la vivencia de algunos chicos de saber más de lo que realmente conocen, les lleva a cometer errores.

     Hay padres a los que no se les educó convenientemente para la sexualidad y tienen dificultades para conversar con los hijos sobre el tema y darles las orientaciones oportunas. Cuando esto ocurre, lo acertado es aceptar y explicarles el problema que uno tiene. Va bien saber que para los hijos es mejor escuchar una contestación desde el corazón, que ver como los padres eluden la respuesta. Si no se les da la información, la buscarán por otro lado y se cerrará la puerta a la comunicación sobre estos asuntos. Si hay alguna pregunta a la que no se sabe responder, está bien decirle que no la conoce, pero que se va a informar.

    En la educación sexual es importante saber que los gestos, desviar la respuesta  o decirle expresiones como: “Eso ya lo aprenderás cuando seas mayor”, supone crear incertidumbre, dudas, e incluso, según la actitud de los padres, puede brotar la culpa en los niños por haberse interesado por aspectos relacionados con el sexo.

     Para hablar de la sexualidad con naturalidad con los hijos y facilitarles la información, se requiere eliminar prejuicios, tabúes y los propios miedos.

     Es preciso contestar a las preguntas de los niños, sin ir más allá de lo que su curiosidad o sus necesidades demanden. No hay que utilizar palabras técnicas, sino un lenguaje claro y sencillo. Se deben plantear todos los temas: conocimiento y aceptación del propio cuerpo, características sexuales masculinas y femeninas, cambios físicos y psicológicos que se van presentando, métodos anticonceptivos... En ocasiones los libros pueden ayudar, más nunca sustituirán a los padres.

     La educación sexual conviene abordarla desde una óptica de naturalidad, positiva, de igualdad  de derechos entre mujeres y hombres y de respeto hacia las diferentes opciones sexuales.

     Una buena educación sexual ayuda a los chicos a tener más seguridad interna y mayor responsabilidad.

 

Pepe López Sánchez, profesor del C.P. “José A. Labordeta”  y miembro del M.R.P. “Aula Libre” jlopezsanc@educa.aragon.es

 

   

 

 

¿CUÁL DEBE SER EL PAPEL DE LOS PADRES CON LOS “DEBERES ESCOLARES”?

 

Para algunos padres y madres resulta un suplicio conseguir que sus hijos hagan todos los  días los “deberes” que les mandan  los profesores.

Las razones de por qué les cuesta tanto son variadas: el cansancio al participar en muchas actividades extraescolares, no tener establecido un tiempo fijo o un lugar apropiado; también hay bastantes chicos que utilizan los “deberes” para tener pendientes a sus padres y así recibir su atención.

Los padres necesitan tener claro que los “deberes” son unas actividades que los profesores ponen a sus alumnos, no a sus padres. Por lo tanto, la responsabilidad de realizarlas corresponde a los chicos. Si estos deciden no hacerlas deberán responder ante el profesor que se las puso.

El papel de los padres consiste en garantizar las condiciones adecuadas para que su hijo pueda trabajar sin interferencias y pactar el tiempo necesario (con cierta flexibilidad) para hacer las tareas. Transcurrido dicho tiempo, los padres ya no permitirán que continúe haciendo los “deberes”, aunque no haya terminado. Esto conlleva una serie de ventajas: el niño no estará con las tareas varias horas cuando puede hacerlas en una y los padres evitarán ese proceso cotidiano de repetir una y otra vez: “Haz los deberes”; también se reducirán las broncas y los enfados.

Los padres pueden dar a los hijos alguna ayuda puntual, pero en ningún caso hacerles las tareas, ni caer en la trampa cuando dicen de manera continua: “No lo entiendo”, para que les digan las respuestas o intentar que los padres se “responsabilicen” de sus “deberes”.

Los niños necesitan atención y sentirse queridos por sus padres, por tanto éstos tienen que asegurarse de que su amor les llega. Si no es así, los niños buscarán la forma de que sus padres estén pendientes de ellos, para lo cual pueden recurrir a cuestiones como negarse a comer o a hacer las tareas del colegio.

Algunos padres temen que los profesores piensen que no se preocupan de sus hijos si consienten que vayan a clase con los “deberes” sin hacer. Sin embargo, ayudan más a los hijos si permiten que asuman sus responsabilidades y las consecuencias que se desprendan de ellas.

Va bien que los padres hablen de manera continua con los profesores, máxime cuando se presente alguna dificultad, como las de los “deberes”. En este caso plantearán el problema al profesor-tutor y conjuntamente diseñarán una actuación orientada a resolverlo.

 

Pepe López Sánchez, profesor del C.P. José A. Labordeta y miembro del M.R.P. Aula Libre. E-mail: jlopezsanc@educa.aragon.es

 

 
 

¿CÓMO SE PUEDE AYUDAR A VENCER LA TIMIDEZ?

            La timidez se puede definir como tener miedo a las personas y comporta baja estima, inseguridad, dificultades en las relaciones, vivencia de incapacidad, dependencia…

            A la timidez se suele llegar por dos caminos: por el de la sobreprotección, en el que al niño o a la niña se le cuida en exceso y no se le permite que haga su propio proceso; y por el de “marcarle en demasía”, por lo que, con frecuencia, se siente desacertado, muy controlado y que necesita renunciar a sí mismo para que lo quieran sus progenitores.

            Conviene tener en cuenta que algunos niños pequeños precisan  más tiempo que otros para relacionarse con naturalidad. Si no se fuerzan las situaciones se puede comprobar que, cuando tienen la seguridad suficiente, el problema de su silencio se resuelve, simplemente respetando su ritmo madurativo.

            A la hora de abordar el problema de la timidez se requiere que los padres y madres no cataloguen a su hija o hijo de tímido. No existen niñas o niños tímidos, sino niñas o niños que en determinadas situaciones tienen conductas de timidez. Esto me parece muy importante, puesto que si un hijo escucha de sus padres que “es tímido” se comportará como tal y no colaborará en la solución de esa dificultad.

            Además los padres necesitan evitar comentarios en los que, de alguna manera, se  refuerza la timidez de su hijo. Por ejemplo: contestar por él cuando le preguntan algo, pues están quitando la oportunidad de afrontar su miedo; tampoco va bien censurarle, amenazarle o castigarle por mostrarse tímido, ni hacer alusiones a sus comportamientos de timidez delante de él, ni razonarle o aconsejarle en exceso sobre la conducta que debería tener, ni compararle con sus hermanos o con algún amigo o compañero de clase.

            Por el contrario, un niño que muestra timidez necesita escuchar las felicitaciones de sus padres por sus avances y, además, procurarán que él mismo se los reconozca. A la vez le dirán otras valoraciones positivas de su personalidad, de lo que hace…, evitando hacer alusión alguna a la timidez.

            También los padres buscarán situaciones variadas en las que su hijo se maneje con cierta facilidad, para que así pueda ganar confianza y seguridad en sí mismo: invitar a niños a su casa, incluirse en algún grupo para compartir aficiones o practicar deportes…

           

 

            Pepe López Sánchez, profesor del CP José A. Labordeta y miembro del MRP Aula Libre. jlopezsanc@educa.aragon.es

 

   
 

¿CONVIENE HACER LAS TUTORÍAS CON LOS PADRES E HIJOS JUNTOS?

 

Las tutorías están planteadas para conseguir, entre otros, los siguientes objetivos: intercambiar información; analizar la situación y la evolución de los niños y de las niñas, tanto en los aspectos académicos como en los personales; y, también, para resolver posibles problemas y fijar planes de mejora.

Las tutorías “a tres bandas” sirven para que los chicos y las chicas puedan expresar sus necesidades y sus dificultades. También para que vean  juntos y escuchen a los dos referentes más importantes de su educación (sus padres y el profesorado tutor) y pacten con ellos los pasos a dar para resolver los diferentes asuntos que se presenten.

Por otra parte, el hecho de ver a los padres y a los hijos juntos en las sesiones de tutoría, aporta una información útil al profesorado sobre las relaciones entre ellos y el alcance de los compromisos que resulta razonable plantear.   

Asimismo he visto que dichas tutorías van bien, en algunos casos, para contrastar las informaciones. Cuando los padres van solos a las mismas, puede suceder, que los chicos no estén de acuerdo con las informaciones dadas por el profesor tutor. Si las versiones de los chicos no coinciden con las del profesorado, los padres se encuentran ante el dilema de quién dice la verdad y, por tanto, se pone más difícil avanzar en la búsqueda de una solución.

Además, como en estos tiempos algunos padres tienden a sobreproteger a los hijos y a darles la razón, cuando exista algún problema de cierta entidad, se hace preciso que el chico asista a la tutoría. Allí podrá exponer qué ha ocurrido y el profesor aportará pruebas claras para que el niño reconozca su conducta inadecuada delante de sus padres.

Considero que los niños y las niñas, desde tercero de Primaria, conviene que estén presentes en las tutorías y participen así en las cuestiones que les conciernen.

Las tutorías (tanto las que se hacen con la familia como las colectivas) cobran cada vez más importancia. Va bien aumentarlas y centrarlas sobre todo en los aspectos educativos, pues existe una necesidad creciente de orientaciones por parte de los padres sobre temas, como: límites, sobreprotección, respeto, autoestima…, y el profesorado puede jugar en esto un significativo papel.

 

Pepe López Sánchez, profesor del CP José A. Labordeta y miembro del MRP Aula Libre. jlopezsanc@educa.aragon.es

 
 

¿ENSEÑAMOS A LOS HIJOS E HIJAS A COCINAR?

 

            Una de las responsabilidades de los padres y de las madres consiste en hacer lo posible para que sus hijos e hijas adquieran autonomía y sepan resolverse sus asuntos.

            Sin embargo, existe una parcela que los padres y madres tienden a posponer: que los niños y las niñas aprendan a cocinar. De hecho, muchos de los chicos y chicas aprenden cuando se emancipan. Entonces resulta habitual que llamen a mamá para preguntarle cómo se hace el besugo al horno o el bizcocho, que tan buenos le salen.

            Aprender a cocinar requiere un tiempo y se ha de hacer de forma progresiva. Cuando los niños y niñas tienen pocos años pueden colaborar en: lavar las frutas, pelar los huevos duros, en la mezcla de algunos alimentos, en la decoración de los platos o en la elaboración de algunas recetas que no necesiten cocción.

            En el momento en que los niños realicen cualquiera de estas tareas conviene felicitarles por lo bien que lo han hecho y por la ayuda que supone su trabajo.

            Posteriormente aprenderán la utilización adecuada de las sartenes, cuchillos y de los distintos enseres. También que la limpieza en la cocina resulta fundamental. Por tanto, conviene acostumbrarlos a limpiar según se vaya manchando y a la utilización de un delantal y de ropa cómoda.

            Va bien que los niños vean que cocinar resulta divertido y mágico, dado que se pueden observar las múltiples transformaciones de muchos alimentos al mezclarlos con otros, al hervirlos… Y, además, sin darse cuenta, estarán aprendiendo cuestiones relacionadas con la química, con las matemáticas, con la plástica, con olores, sabores… y con la paciencia, pues bastantes recetas requieren un tiempo largo para su elaboración.

            Dentro de este proceso y, cuando tengan los conocimientos básicos, se les permitirá que hagan solos alguna comida sencilla, con la que puedan sorprender a toda la familia. Estará bien que la elijan ellos y que participen en la compra de los ingredientes necesarios. Además se procurará que alguna de las recetas que hagan se componga de alimentos que no tomen habitualmente para, así, favorecer su consumo.

            Asimismo se ha de tener en cuenta que los niños y las niñas precisan de una formación sobre qué alimentos resultan más saludables para que, poco a poco, los vayan incorporando a su consumo habitual.

 

            Pepe López Sánchez, profesor del CP José A. Labordeta y miembro del MRP Aula Libre. jlopezsanc@educa.aragon.es

 
 

¿PARA QUÉ CONTAR O LEER CUENTOS A LOS NIÑOS?

 

Cuando un padre o una madre narra un cuento o le canta una canción a su hijo está realizando un acto de amor. En esos momentos le está diciendo lo importante que es para él, ya que le dedica un tiempo de calidad y, a la vez, le está regalando palabras con ritmo y con corazón. (Las palabras de los cuentos sirven para alimentar el alma de los niños y,  cuando los escuchan, si les gustan, se quedan con la boca abierta para que vayan entrando por ella palabras llenas de magia que nutren su espíritu).

Lo más gratificante para el padre, la madre o para el maestro es que, una vez que haya terminado de contar un cuento, el niño diga: “Otra vez”. Si un cuento no se merece el “otra vez”, indica que algo ha fallado en dicho cuento.

Los cuentos abren las puertas de la imaginación, de lo mágico, pues en ellos todo resulta posible: los animales pueden hablar, aparecen palabras mágicas para abrir puertas, y los niños descubren que existe besos para despertar a la vida. También les sirven los cuentos a los niños para darse cuenta que en cada uno de nosotros “viven” numerosos personajes. Por tanto, en la medida en que conozcan y se manejen con más roles  aumentará su capacidad para desenvolverse mejor en el plano social.

Los cuentos presentan mucha información, pues hablan de geografía (montes, ríos, valles…), de historia, de matemáticas; también dicen lo que les ha ocurrido a otros para que los niños estén atentos y sepan que eso puede pasarles a ellos; o muestran que en la vida se van presentando problemas y que con habilidad, constancia y lucha se pueden ir resolviendo.

Estará bien elegir las lecturas buscando que orienten en la solución de problemas y conflictos internos y, por consiguiente, que no creen nuevas dificultades a los niños. Por tanto, los personajes que aparezcan en los cuentos necesitan tener unos valores y mantener una coherencia, que les sirvan a los niños de referente y les ayude a construir una personalidad equilibrada. Y los padres y el profesorado estarán atentos para canalizar las preguntas y emociones (miedo, tristeza, incertidumbre…) que se despierten en los niños con la lectura.

 Pepe López Sánchez, profesor del CP José A. Labordeta y miembro del MRP Aula Libre.

                                         E-mail: jlopezsanc@educa.aragon.es